El equinoccio de otoño en el hemisferio sur marca el momento en que el Sol cruza el ecuador hacia el norte. De esta manera, comienza la estación del Otoño.
El equinoccio de otoño en el hemisferio sur marca el inicio del otoño y ocurre entre el 20 y el 21 de marzo. En este momento, el día y la noche duran lo mismo (aproximadamente 12 horas cada uno) en todo el planeta. Y a partir de ese momento, la cantidad de horas sin luz solar comienza a ser mayor que las horas con luz. Esto se debe a que el eje de la Tierra está inclinado con respecto al plano de su órbita alrededor del Sol, y en el equinoccio de otoño, el Sol se encuentra justo sobre el ecuador y luego avanza hacia el norte.
En el hemisferio norte, mientras tanto, ocurre de manera simultánea el equinoccio de primavera. Esto significa que el Sol cruza el ecuador celeste hacia el norte, lo que marca el comienzo de la primavera, con días más largos y temperaturas más cálidas. La Tierra gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, lo que significa que la distancia entre ambos cuerpos celestes varía a lo largo del año. Sin embargo, esta variación en la distancia es muy pequeña y no tiene un impacto significativo en el clima de la Tierra. El movimiento del Sol hacia el norte o hacia el sur durante los equinoccios se refiere al movimiento aparente del Sol visto desde la Tierra, y es una consecuencia de la inclinación del eje terrestre. Esto no implica un cambio en la distancia física entre el Sol y la Tierra. De hecho, la distancia entre la Tierra y el Sol no tiene nada que ver con el equinoccio, sino más bien un cambio en la orientación de la Tierra con respecto al Sol. Las estaciones y la energía solar
En los equinoccios (de primavera y otoño), los rayos del Sol inciden directamente sobre el ecuador, lo que significa que la luz del Sol se distribuye de manera uniforme en ambos hemisferios. Esto da lugar a que el día y la noche tengan la misma duración, aproximadamente 12 horas cada uno, en cualquier parte del planeta.
En los solsticios (de verano e invierno), los rayos del Sol inciden con mayor intensidad en uno de los hemisferios, el de verano. Esto se debe a que la inclinación del eje de la Tierra hace que las personas que están en la estación más cálida, tengan al Sol mucho más sobre sus cabezas, mientras que los que están en el invierno lo ven desplazar en un arco mucho más cerca del horizonte. La distribución desigual de la energía solar a lo largo del año tiene un impacto significativo en el clima de la Tierra. El hemisferio que recibe más energía solar experimenta el verano, con temperaturas más altas y días más largos. El otro hemisferio experimenta el invierno, con temperaturas más bajas y días más cortos. Además, ya sea para un lado u otro del ecuador, el Sol no llega mucho más allá de los trópicos. Y la cantidad de energía solar que recibe una zona determina en gran medida su clima. Las regiones que reciben más energía solar, como las tropicales, son generalmente más cálidas que las zonas que reciben menos energía solar, como las zonas polares.
Luego, las corrientes oceánicas que se mueven hacia las zonas polares ayudan a distribuir el calor alrededor del planeta y a regular el clima mundial. Sin ese movimiento del agua, entre los trópicos las temperaturas serían mucho más elevadas de lo que son en la realidad.
















































